César Orrico

“Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: escapa por tu vida, no mires
tras de ti, ni pares en toda llanura; escapa al monte, no sea que perezcas”.
Génesis 19:17.

Pero Edith, esposa de Lot, sí miró, convirtiéndose en una estatua de sal. Este pasaje del Antiguo Testamento sirvió como inspiración al artista César Orrico (1984) para crear su particular visión de la transformación de esta mujer. No se trata del único ejemplo entre la producción de Orrico que remite directamente a escenas de la antigüedad: Knosos, Gea o Démeter son nombres de algunas de sus piezas que evidencian una clara vocación del artista por reinterpretar escenas clásicas del arte, entendiendo lo clásico como lo imperecedero, latente en el imaginario colectivo de una cultura.

Gea (2017)

Diseño y escultura se aúnan en sus obras, conjugando retrato y detallismo con geometría y minimalismo. El artista riojano se mueve entre contrastes que se completan entre sí; quizá, de ellos, el más evidente sea el que encarna la propia combinación de diferentes materias. Una constante en su trabajo es lograr la armonía ensamblando materiales con cualidades que difieren entre sí: madera, hierro, piedra artificial o bronce son elementos que conviven en sus obras logrando un equilibrio estético perfecto. Consigue así no solo la armonía visual, sino apelar al sentido del tacto, con unas superficies lisas y pulimentadas. Es el material artificial (un polímero a base de diferentes granos de piedra) el moldeado más detalladamente hasta alcanzar una enorme expresividad, mientras que el material cálido y orgánico es el tratado de forma somera, esquematizando la figura: no es un plinto, sino un cuerpo, donde los nudos, vetas y quiebros de la madera forman parte de la identidad escultural. El interés del artista por la expresividad de la materia le ha llevado a abordar una tesis doctoral sobre los nuevos planteamientos de materiales industriales en el lenguaje expresivo de las Bellas Artes.

Ingrávido (2013).

Otra de las vertientes de Orrico se define por el puro estudio del cuerpo humano, analizando las posibilidades anatómicas del hombre en sus más inverosímiles posturas. No hay expresión en el rostro, tampoco cabello o ropas que puedan hacer arabescos o arrancar un giro, simplemente torsión y músculos. Ingrávido bien podría tomarse por uno de los cadáveres utilizados en las academias para el estudio anatómico sujetados con cuerdas para variar la postura, si no fuera por el tratamiento desquiciado de sus músculos y la crispación de manos y pies.

Presente a lo largo de 2017 en ferias de arte de Reino Unido, Países Bajos y Bélgica, así como en la Galería Calderone en Dinard (Francia), seguiremos de cerca los pasos de este artista de ámbito internacional.

Podéis consultar aquí la página oficial del artista.

Imagen principal: Edith (2016).